Por Xavier Carrasco
El reciente gesto de la DEA una misión de alto nivel encabezada por Daniel Salter y Miles Aley, recibida oficialmente por el presidente Luis Abinader no es un simple saludo protocolar, es un reconocimiento pĆŗblico y estratĆ©gico al manejo que la RepĆŗblica Dominicana ha dado al problema del narcotrĆ”fico. Que el organismo antidrogas mĆ”s influyente del mundo elogie al jefe de Estado dominicano no debe subestimarse. Es un aval de credibilidad internacional, y un mensaje claro, la comunidad global valora que aquĆ, mĆ”s que discursos, hay resultados.
Durante aƱos, la RepĆŗblica Dominicana fue seƱalada como un “puente” por el que transitan cargamentos de drogas rumbo a otros mercados. En 2017, bajo la administración de Donald Trump, esta percepción fue explĆcitamente formulada. Hoy, sin embargo, esa narrativa ha cambiado, la DEA reconoce que bajo Abinader se ha gestionado “de forma correcta, adecuada y eficiente” este flagelo. No se trata solo de buenas intenciones, sino de acción sostenida y cooperación internacional efectiva.
Peor aĆŗn, no es solo Estados Unidos quien ve en la Republica Dominicana un aliado clave, esta misma semana, Francia anunció un ambicioso plan para convertir al paĆs en un eje estratĆ©gico de su ofensiva mundial contra el crimen organizado, con una academia regional especializada en Santo Domingo a partir de 2026, segĆŗn reportó Le Journal du Dimanche. Esa apuesta europea no es un capricho diplomĆ”tico, sino una apuesta concreta por la consolidación de la RepĆŗblica Dominicana como centro de entrenamiento y coordinación en la región.
Los elogios de la DEA tienen un respaldo muy sólido en las cifras, según la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), entre el 16 de agosto de 2020 y el 16 de octubre de 2025, se incautaron 227,824.08 kg de drogas, lo que representa un incremento del 194 % respecto al periodo entre 2004 y 2020, cuando las autoridades confiscaban 77,526.11 kg.
Ese salto es mĆ”s que estadĆstico: es estratĆ©gico.
En particular, la cocaĆna, droga que constituye el corazón del negocio narco, ha sido protagonista. En 2024, las incautaciones alcanzaron las 44 toneladas, de las cuales 37,714 kg correspondieron a cocaĆna. Estas cantidades rĆ©cord muestran que, bajo esta administración, la interdicción ha escalado a niveles históricos.
AdemĆ”s, el presidente Abinader ha destacado en presentaciones oficiales que en apenas tres aƱos se incautaron 26 toneladas mĆ”s de drogas que en los 16 aƱos anteriores (2004–2020).
Es un dato sorprendente, en poco tiempo se sobrepasó lo acumulado durante tres gobiernos anteriores, lo que refleja no solo capacidad operativa, sino una transformación profunda en la estrategia nacional.
Ese reconocimiento de la DEA no es un simple aplauso, es capital polĆtico y estratĆ©gico para la RepĆŗblica Dominicana. Refuerza la legitimidad del gobierno de Abinader en un tema clave para la seguridad nacional y proyecta al paĆs como actor confiable en la lucha internacional contra el crimen organizado.
Al recibirse en un contexto en el que tanto Estados Unidos como Francia refuerzan su cooperación con la Republica Dominicana, se debilita la antigua narrativa del paĆs como solo un corredor de drogas. En cambio, se eleva como un socio activo, capaz no solo de interceptar, sino de liderar, formar, y coordinar una polĆtica antidrogas de alcance regional.
Claro, los desafĆos continĆŗan. El narcotrĆ”fico es un fenómeno global y dinĆ”mico; el reconocimiento de la DEA y el respaldo europeo son solo una parte del rompecabezas. La RepĆŗblica Dominicana debe seguir invirtiendo en inteligencia, fortalecimiento institucional, transparencia, y cooperación internacional.
Pero tampoco podemos perder de vista lo fundamental: este gobierno ha dado frutos concretos. No solo por la cantidad de droga incautada, sino por la transformación de su rol en la escena mundial.
“Cuando te reconocen quienes lanzan las flechas, es seƱal de que ya tienes el arco afilado.”

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