Disney Medina Con el oro en el pecho y las goteras en su techo... Esa es la vida del medallista Disney Medina


Tomado de listindiario.com 

Hay golpes que se reciben con los puños y otros que te los da la vida. Disney Ezequiel Medina conoce los dos.

A sus 19 años, recién cumplidos, acaba de recibir el “golpe más dulce de su carrera”, una medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026. Pero cuando se baja del cuadrilátero, comienza otra pelea, una mucho más difícil, la de sobrevivir junto a su familia en medio de las tantas precariedades.

El brillo de la medalla y las ovaciones que le dio el público contrastan con la realidad que le espera al joven boxeador cuando regresa a su hogar en La Zurza, uno de los sectores más empobrecidos del Distrito Nacional.

Medina no tiene una vivienda propia, vive alquilado en una casa de zinc que describe como “un calvario”, donde los agujeros en el techo hasta el deteriorado piso evidencian las dificultades.

Allí, además, carga con una responsabilidad que muchas veces parece demasiado grande para alguien de su edad, sostener a su enferma madre, Rosy Gómez, y a su hermano menor.

“Yo básicamente soy el hombre de la casa, pero también necesito. Es realmente muy difícil para mí cuando veo que mi madre necesita alguna pastilla y no tengo el dinero para comprársela”, dijo Ezequiel al Listín Diario.

Su madre padece de tiroides, pero aun así “chiripea” en una banca de lotería para ayudarlo con la carga económica.

Las carencias han llegado incluso a la mesa. Medina recuerda con dolor que este mismo año su madre tuvo que dejar de comer para que él pudiera alimentarse junto a su hermano.

“Ella estando enferma, incluso se quedó con hambre para que nosotros comiéramos. Y aunque le lloré para que comiera, decidió que comiéramos nosotros. Así de difícil se nos pone la situación a veces”, añadió Medina.

Cuando el dinero no alcanza, el campeón busca alternativas. Durante los fines de semana lavaba vehículos para conseguir ingresos adicionales, y aunque ya no lo hace de forma constante como antes, todavía conserva la máquina y los equipos que utilizaba, consciente de que podría necesitarlos nuevamente si la situación económica se complica.

“A mí no me da vergüenza que vean que un medallista está lavando carro. Yo lo que nunca voy a hacer es lo malo y tampoco dejaré a mi mamá morir”, enfatizó Ezequiel.

En medio de esa historia de necesidades existe una figura que cambió el rumbo de su vida, su padrastro, Ramón Isidro Severino, a quien Disney considera como su padre.

Severino había formado parte de la preselección nacional de boxeo antes de retirarse y conocía de cerca el sacrificio que exigía el deporte. Cuando observó el carácter fuerte del pequeño Disney, que desde niño no le temía a las peleas, decidió convertir aquella energía en disciplina.

Fue él quien lo llevó a entrenar formalmente y lo acompañó en sus primeros pasos. Desde los ocho años, el joven comenzó a experimentar la satisfacción de ganar medallas y descubrió que los golpes podían tener otro propósito.

“La relación mía y de él ha sido una relación con mucha confianza. Me ayudó muchísimo”, cuenta Medina al recordar a quien considera su guía.

Estudia inglés y portugués

Medina inicia sus entrenamientos a las 5:30 de la mañana y posteriormente cumple con una segunda sesión en la tarde. Entre ambos turnos también intenta terminar sus estudios mediante la modalidad de Prepara y proyecta estudiar inglés y portugués, inspirado por un campamento que realizó en Brasil.

Los fines de semana, sin embargo, vuelve a ser simplemente Disney. Juega dominó, parchís y Free Fire con sus compañeros, donde presume, entre risas, de haber alcanzado el rango “heroico”.

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