“Si me pidieran que exprese un último deseo sería: que el Jubileo no termine”
Barahona. En un ambiente marcado por la gratitud, la fe y la emoción, monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas se despidió de la Diócesis de Barahona durante una misa de acción de gracias que reunió a sacerdotes, diáconos, religiosas, autoridades civiles y militares, representantes de diversos sectores y cientos de fieles, quienes lo despidieron con una prolongada ovación.
A lo largo de su homilía, el prelado evocó con profundo agradecimiento el camino recorrido junto a la Iglesia de Barahona.
En uno de los pasajes de mayor carga emotiva de su intervención hizo una breve pausa, visiblemente conmovido, antes de continuar su mensaje de despedida tras once años de ministerio episcopal en la diócesis donde recibió la consagración como obispo.
Inspirado en las palabras de san Pablo: “Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes” (Flp 1,3), monseñor Romero Cárdenas expresó que esta etapa constituye una parte esencial de su vida sacerdotal y que permanecerá para siempre en su corazón.
“Barahona no será simplemente el lugar donde trabajé durante once años. Será siempre la Iglesia donde nació mi ministerio episcopal y donde mis raíces descendieron profundamente”, manifestó.
Durante su reflexión afirmó que los frutos alcanzados durante su ministerio no pertenecen a una sola persona, sino que son el resultado del esfuerzo compartido de sacerdotes, diáconos, religiosas, laicos y de todos los sectores que acompañaron la misión de la Iglesia en la Región Enriquillo, a quienes expresó su más sincero agradecimiento.
Con humildad, reconoció que no siempre fue posible responder a todas las necesidades pastorales y pidió perdón por aquello en lo que pudo haber faltado o por alguna decisión que hubiera causado dolor.
“He procurado servirles con honestidad, con entrega y con amor pastoral. Lo que hice bien fue posible gracias a Dios y a la ayuda de ustedes. Mis errores y limitaciones me pertenecen a mí”, expresó.
Al recordar los principales momentos de su ministerio, evocó las celebraciones parroquiales, las visitas a las comunidades, los encuentros pastorales y el trabajo realizado junto a sacerdotes, religiosas y laicos, así como el testimonio de quienes, desde el servicio silencioso, hicieron posible la labor evangelizadora de la diócesis.
Uno de los momentos culminantes de la celebración llegó al concluir su homilía, cuando compartió el que definió como su último deseo para la Iglesia de Barahona.
“Si me pidieran que exprese un último deseo sería: que el Jubileo no termine”, expresó, al exhortar a que ese espíritu permanezca vivo en las comunidades, fortaleciendo la misión permanente, la formación de nuevos servidores, la atención a los más necesitados y el compromiso con el desarrollo humano y espiritual de la Región Enriquillo.
Asimismo, pidió al Señor que acompañe a la diócesis en la nueva etapa que comienza y que los corazones permanezcan unidos “en la fe, en la esperanza y en el amor”, convencido de que la distancia no tiene poder para borrar lo que Dios ha unido a través de una misión compartida.
La eucaristía coincidió con el cumpleaños de monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas, una circunstancia que añadió un significado especial a una jornada marcada por el reconocimiento, la gratitud y las muestras de afecto hacia quien durante más de una década condujo la vida pastoral de la Diócesis de Barahona.

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